Entrevista a Robert Guédiguian, director de "La casa junto al mar"

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Entrevista a Robert Guédiguian, director de "La casa junto al mar"

Entrevista a Robert Guédiguian, director de

Este viernes 23 de marzo llega a las carteleras españolas "La casa junto al mar", dirigida por Robert Guédiguian, veterano cineasta francés responsable de estupendos films como "La ciudad está tranquila" o "Las nieves del Kilimanjaro" entre otros, y que está protagonizada por Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan y Anaïs Demoustier

La premisa nos sitúa en una pequeña cala cerca de Marsella, en la cual Angèle, Joseph y Armand vuelven a la casa que construyó su padre. Angèle es actriz y vive en París. Joseph está enamorado de una chica mucho más joven que él. Armand es el único que se quedó en Marsella para llevar el pequeño restaurante familiar. Es el momento de descubrir qué ha quedado de los ideales que les transmitió su progenitor, del mundo fraternal que construyó en este lugar mágico en torno a un restaurante para obreros. Pero la llegada de una patera a una cala vecina hará que sus reflexiones adopten otro rumbo.

Su director y guionista Robert Guédiguian nos da las claves de su última película tras las cámaras, tras u na entrevista de Thibaut Grégoire realizada en Bruselas el 14 de noviembre de 2017 para la revista 'Le Rayon Vert'.

En sus películas, los personajes suelen plantearse preguntas políticas. En LA CASA JUNTO AL MAR es algo que forma parte de sus identidades. Ha confrontado esta idea, esta reflexión interior, esta nostalgia con un presente más brusco y más duro mediante los emigrantes que aparecen al final de la película. ¿Es una forma de poner a prueba la ideología, las convicciones del momento actual?

La idea de LA CASA JUNTO AL MAR era desarrollar a personajes de unos sesenta años a los que les falta material para seguir haciendo política y ser activos, para trabajar en algo más universal que su vida. Se sienten desposeídos de la acción política. Es algo bastante sintomático de mi generación. Antes hacíamos cosas en el seno de una asociación, de un sindicato, pero hoy en día ya no sabemos qué hacer ni dónde. Quería trabajar sobre esto en una especie de teatro, en esa cala que da al mar por un lado y a la colina por el otro. Es comparable a un escenario con mucha más profundidad, pero sigue siendo un espacio cerrado. Rodamos ocho semanas sin poner un pie fuera. Podíamos rodar cuando nos apetecía, con cualquier tipo de luz, a la intemperie o al sol. Pero antes, mientras escribía el guion, pensé que el mundo entero debía entrar en la cala y apareció enseguida el tema de los refugiados. El refugiado, como valor absoluto, como abstracción, demuestra que vivimos en un solo mundo. En este mundo único, la diferencia entre ricos y pobres incrementa, es lo que cuenta esencialmente la figura del refugiado. Mis personajes se preocupan por temas como la emancipación del ser humano, mejorar el mundo, etcétera, y como su padre les enseñó a pensar así desde pequeños, buscan una causa a la que entregarse. Y la causa acaba apareciendo. El hecho de ayudar a estos jóvenes refugiados les pone de nuevo en el buen camino. Por fin vuelven a tener algo por lo que luchar.

En una escena, Joseph, al que da vida Jean-Pierre Darroussin, dice: "Era mejor antes". Siempre es una frase ambigua, problemática incluso, pero toma otra dimensión en el contexto de la película, porque la dice este personaje concreto y también porque es un guiño a otra escena en la que nos enseña un extracto de una película que rodó hace más de treinta años, Ki lo sa? (1985), planteando realmente la relación con el pasado y la nostalgia.

Sí, desde luego. Pero no es exactamente así. Dice: "Era mejor antes. Desde luego, era mejor para esto". Además, contesta a alguien que le dice: "¿No me dirás ahora que era mejor antes?" Créame si le digo que trabajé mucho estas frases, hubo un sinfín de versiones. Es un diálogo peliagudo. Obviamente, no me parece que era mejor antes, pero tampoco que sea mejor hoy. Más bien creo que no es ni tan malo ni tan bueno como tendemos a creer. Creo que en el mundo, sea como sea, hace falta luchar para que sea mejor. Para mí, lo ideal sería que todos nos preguntásemos permanentemente qué podríamos mejorar. ¿Más justicia? ¿Más igualdad? ¿Más verdad? Siempre queda algo por mejorar. Pero una crítica del presente implica echar una mirada hacia el pasado. Pasolini decía: "El pasado es la única crítica completa del presente". ¿Dónde pueden encontrarse los elementos para criticar el presente si no es en el pasado? Nos vemos obligados a buscar propuestas en el pasado. Por ejemplo, en el Programa del Consejo Nacional de la Resistencia en Francia, porque contenía ideas bellas en torno a la Historia del mundo, o al menos así me lo parece. Puedo volver a ese texto, leerlo de nuevo y sacar lo bueno. Pero no significa que sienta nostalgia por ese periodo histórico, solo es un método válido para criticar el presente. Por eso describiría la nostalgia que habita en los personajes de LA CASA JUNTO AL MAR como una nostalgia combativa. De hecho, la nostalgia siempre es revolucionaria. Los que viven demasiado en el presente, convencidos de que el presente es evidente, los "pragmáticos", son auténticos reaccionarios. Me considero a mí mismo como un nostálgico y un revolucionario.

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